29 junio 2010

Moon's light...

El taxi me dejó en la esquina.
Bajé, no sin cierta dificultad
(the pain kill me, sometimes),
saqué mi bolso del maletero
y lo cerré apresurado,
pues el taxi ya se iba...

Llené del húmedo aire marino mis pulmones
y me sentí refrescado,
después de una semana de respirar el polvoriento aire del desierto.
Bolso en mano, enfrenté la calle...

Me sorprendió la luna...

Se veía grande,
brillante,
más brillante aún que las luces de los faroles callejeros
con los que competía,
recortada nítidamente contra el cielo...
Me llenó de alegría verla,
¿quién entiende por qué?
y caminé por esa calle solitaria
con el sentimiento consolador
de que ella
iluminaba mi camino a casa...

19 junio 2010

Father's day...

Mañana es el día del padre...

Valiente cosa.
La verdad es que no me hace mucha gracia,
porque no me siento un gran padre.
Ni siquiera uno bueno.
Por ello,
no es un día para celebrarlo...

Pero,
como dicen que a todo se le debe buscar el lado bueno,
puedo al menos decir
que me siento contento por algo...

Mi hijo,
mi pequeño de 19,
me ha hecho un regalo,
un regalo pensado, decidido y comprado por él,
sin ingerencias maternas...

Alguien podrá al verlo, tal vez,
decir que no es bonito,
y hasta que es feo...
Pero la gracia que tiene es
que está bien elegido,
que realmente me gusta,
y que lo compró
pensando en mí...

Me gusta el Manga,
me gusta Death Note,
soy un otaku más...
y nadie lo sabe -y lo comprende-
mejor que mi hijo...
No en vano es lo más cercano a un amigo que tengo...

As vezes

A veces,
este mi cuerpo,
a quien a pesar de todo aún quiero,
se esfuerza denodadamente
en demostrar cuánto odia
a este ser que lleva dentro...

A veces,
este mi cuerpo,
se esmera tanto, con tal ahínco,
en hacerlo,
que no puedo dejar de sentir
sus efectos...

A veces, alguna vez,
este mi cuerpo,
lo hace tan bien,
que olvida que en el fondo,
somos uno solo,
y que cuando yo sufro,
cuando yo no puedo hacer algo,
también él sufre,
también él queda imposibilitado...

Mirando el cieloraso...


No hay nada como pasar horas y horas acostado,
mirando un techo blanco,
para pensar sobre la vida de uno, para meditar las cosas
y verlas con claridad...

Durante bastante tiempo me he quejado de mi suerte,
me he quejado de mi hijo,
me he quejado de mi mujer,
no con otras personas tal vez,
pero sí conmigo mismo.

Habituado a lamentarme por mi suerte,
por mis dolores,
por mis carencias,
he olvidado (ahora lo veo)
los dolores y dolencias de aquellos por quienes afirmo vivir.

Sí, siempre me digo,
y les digo,
que yo vivo por ellos,
que nada hago sino por ellos,
y que por ellos continúo soportando una vida
de la que no recibo nada
sino dolores y amargos momentos.

Pero,
pensaba en esas largas horas que pasé
tendido en una cama,
tendido en una camilla,
y nuevamente en una cama,
viendo pasar hora tras hora,
oscuridad, luz, oscuridad,
¿cuándo me doy tiempo para pensar en los dolores de ellos,
en las amarguras propias de cada uno de aquellos
por quienes digo preocuparme tanto?

Sí, estoy enfermo,
sí, sufro dolores,
sí, tengo que vivir amargos momentos...
Pero, acaso no es lo mismo para ellos?
¿Acaso no está más enferma que yo mi mujer?
¿acaso no sufre de dolores?
¿acaso no tiene más razones que yo para pasar amarguras?
¿Y mi hijo?
¿no tiene acaso su propia cruz que cargar?
¿cómo puedo esperar que no sea amargo,
si sólo tiene mi ejemplo a imitar?

No he llegado a ninguna buena conclusión
después de entender esto...
Tal vez tenga que esperar a la próxima crisis,
a la próxima vez que tenga que mirarme a mí mismo,
por horas,
reflejado en un blanco cieloraso...
...siempre y cuando
no sea esa vez la última que esté así...

12 mayo 2010

Duda...


A veces, creo que no sé quién soy,
que no me doy cuenta de lo que hago...

Hace tiempo ya que dejé de ser una persona agradable, en mi trabajo, pensaba yo.

Creía, literalmente, los dichos de mi jefe, respecto a que era yo hosco y malgenio, y que trataba mal a la gente, Yo no lo creía así, pero terminé convenciéndome de que era cierto...

Sin embargo, estuvo con nosotros, hasta hace unos meses, un muchacho trabajando "a préstamo", que venía de la sucursal de la ciudad, para apoyarnos, por falta de personal. Le traté como suelo tratar yo a los jóvenes, le retaba cuando hacía algo mal, le molestaba cuando estaba sin hacer nada, era incluso ácido en mis comentarios hacia él.
Mi jefe me advirtió acerca de que no debía tratar a la gente de esa manera, y me hizo ver del eligro de que este muchacho reclamara por maltrato ante recursos humanos... Pensé que debía tener azón, así es que llamé en un aparte a Axel, que así se llama, y le pregunté cómo se sentía ante mi trato diario, y le hablé de las aprensiones de mi jefe...
Rió, rió de buena gana, y me dijo que no me preocupara, que entendía lo que yo hacía, que conmigo aprendía más que con nadie, que ningún otro le enseñaba tanto ni mejor que yo, y que mi jefe no sólo no sabía lo que decía, sino que ni siquiera sabía lo que hacía...
Desde ese día, fué un juego para nosotros que yo lo tratara pésimo, y que él me dijera "padre" y "maestro", sobre todo delante de mi jefe...
Sentí mucho cuando debió irse, era un gran aprendiz, y se fué muy agradecido de mí...
[Hoy, con lo que aprendió conmigo, según me ha dicho, ya no está en su anterior trabajo, sino que lo ascendieron rápidamente a un puesto mejor...]

Y pasaron los días, y pensaba yo que Axel había sido una excepción, y que para con los demás, seguía siendo yo lo que mi jefe veía de mí...

Pero un día, llegó uno de nuestros aseadores (tenemos 2, que trabajan 7x7), y me trajo de regalo una botella de Cognac (escondida por supuesto, ya que aquí no puede ingresarse alcohol). Además del susto de tener en mis manos algo ilegal, no cabía en mí de mi sorpresa... ¿qué había yo hecho para merecer tal cosa?

Un para de turnos después, que no pasó más tiempo, el otro, que viene del sur del país a trabajar (recorre cada semana 1.800 kms. para llegar), sin saber el gesto del primero, me trajo de regalo una botella de vino de esa región del país... Dios santo!, pensé yo... qué pasa?
Cuando le pregunté a qué se debía eso, me dijo: "Nada, es que me acordé de Ud., es que Ud. sabe, como es con uno..."
Aún no entiendo "como soy..."

Hace un para de semanas, un Técnico, de los 120 con los que trabajamos a diario, me llamó a casa, el día en que subimos a trabajar, y me dice: "Le tengo un regalito, pero como esto no se puede subir a la mina, ¿podría venir a buscarlo al Terminal de buses? Accedí, obvio, y allí fuí a la cita: recibí una botella de Vino dulce, añejado 10 años...
¡por qué? No, si Ud. sabe... [cómo explicarle que no sé?]

Imposible no preguntarse si alguien corrió la voz de que soy un gran bebedor (yo, que apenas si bebo Coca cola)...

Por último, ayer se me acercó uno de nuestros trabajadores, un bodeguero que me conoce desde hace 6 o 7 años, y me dice: toma, callado nomás...
y me entrega un lápiz de regalo, un lápiz en un estuche de plástico...

Ahora me queda la duda:
¿Se equivoca tanto mi jefe, o será que alguien les dijo que me voy a morir?

08 abril 2010

Soledad...

Cuando hice este blog,
lo hice pensando en un lugar en donde escribir
sin que nadie que conozca leyera lo que escribo...

Pocas veces he tenido tanto éxito en algo que emprendo...
Tanto es así,
que nadie,
me conozca o nó, lee lo que escribo...