19 enero 2016

Encadenada.


Encadenada, así me pareció estaba,
la vendedora.
En un puesto callejero vendía,
¿qué vendía? no lo recuerdo.
No recuerdo que le compré, 

pero sí recuerdo su cara,
la infinita tristeza que en ella se reflejaba.


Era una autómata, 

previamente programada, 
quién allí atendía, una autómata, 
un ser sin vida, 
con la mirada en el vacío perdida, 
que no parecía sentir nada.

No se veían, 

no se veían las cadenas, 
no las veían los indiferentes transeúntes, 
no se veían,
Pero juro que ella las sentía, 

en sus tobillos aherrojadas, las sentía, 
tanto como yo 
-al mirarla- 
las adivinaba.

Era una joven vendedora,
en un puesto callejero,
con la mirada perdida,
y el alma encadenada...

[Para variar el tema en el blog...
Esto lo escribí en nuestras vacaciones,
y está inspirado en una joven vendedora  que ví]

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05 diciembre 2015

Ese futuro incierto, y su fecha de caducidad...

¿Qué mejor título que esas palabras amigas...?

Tanto tiempo viviendo como si tuviésemos futuro,
haciendo planes,
construyendo castillos en el aire.
Ya planeábamos vacaciones,
incluso,
para el próximo enero.

Y zaz!
sonó el despertador,
en forma de visita al médico,
y tuvimos que despertar,
y afrontar lo que no afrontábamos,
y aceptar lo que nadie quería aceptar.

Y ahí estamos ahora,
con los ojos enrojecidos,
con el ánimo arrastrando por el suelo,
con ese sentimiento de tristezaenojodesesperación,
que le da a uno cuando piensa,
piensa,
piensa y no encuentra nada
y no entiende nada.

Se supone que ahora tendrá qiue someterse a la operación
que por dos años evitamos e ignoramos.
Y ella en lo que piensa es en las palabras del médico,
diciéndole que tiene -con suerte-
un 55% de posibilidades de soportar la operación.

O sea, eso no sería nada.
Lo triste es que ella no anhela ese 55,
sino el 45% restante...

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18 octubre 2015

Qué tristeza...

Ay, que tristeza...


La mayoría de los hombres dicen que,
si pudieran pasar un fin de semana solos,
sin su mujer en la casa, se sentirían felices.
Podrían hacer lo que quisieran,
o quizá no hacer nada en todo el día.
Para mí ha sido al revés.

Mi Negrita no está, se fué.
Usando sus prerrogativas de mujer casada pero independiente,
se ha ido de paseo diez días. Ayer temprano.
A Bolivia (su segunda patria).

Y yo no puedo evitar sentirme triste,
no he podido evitar pensar, asociar este sitio vacío en mi cama,
este silencio agobiante en la casa,
a lo que será mi vida algún día,
cuando ella ya no esté.

Que vida más vacía, más carente de sentido.

No es que pasemos los fines de semana pegados uno al otro.
Nada más lejos de eso, generalmente cada uno en lo suyo es la forma en que vivimos,
pero la diferencia está en que sabemos que el otro está ahí,
en la siguiente habitación,
o un poco más allá,
o quizá si en la misma cama, pero cada uno haciendo lo que quiera.

Y sin embargo, no resulta lo mismo si ella no está.
No puedo jugar online, si no está ella a un par de metros detrás de mí.
No puedo ocuparme del jardín,
si no está ella dentro de la casa,
nada de lo que se diga en Fakebook me motiva,
y nada quiero hacer.

No puedo soportar la casa sin su música,
o sin las voces coreanas de sus series preferidas.
Siempre me ha gustado el silencio,
no necesito de ruido ni de escuchar música,
pero cuando la ausencia de ambos (música y ruido)
me hace evidente su ausencia,
se me hace insoportable...




08 octubre 2015

Y lo mandé al cielo!!

Sí, lo mandé al cielo, a Alvin. Al cielo de los perritos.
¿Recuerdan a Alvin, el perro infame ese, que me sacaba de quicio, y con el que nos odiábamos cordialmente?
¿El mismo que había regalado dos veces, y dos veces me habían devuelto, no por ser un ángel precisamente?


Pues bien, finalmente me deshice de él.
Por fin podrán mis plantas crecer tranquilas,
por fin podremos tender la ropa sin miedo de encontrarla por el suelo,
por fin podremos sacarnos los zapatos sin temor a que los muerda.
Por fin tendremos paz...

Lo mandé al cielo de los perritos, digo, porque no se le puede llamar de otra manera, al lugar en que vive ahora.
Se lo llevó una amiga, que lo mima como si fuese un niño,
que lo cuida como si fuera un tesoro,
que lo deja dormir sobre su propia cama.

Y él, claro, se deja querer...

Esperé antes de contarlo, pues ya dos veces antes me lo habían devuelto, pero esta vez (la tercera) fue la definitiva. Alvin es ahora feliz (aunque le llaman Elvis),
y yo también...

08 agosto 2015

50/3

Salar de LLamara - Hace una semana
Mi negrita debe cumplir, mañana, 50 años.
Pero se niega. Dice que ella no celebrará 50 años, sino sólo 3.
Sí, dice que cumple 3, y bien visto, no puede negarse que tiene mucha razón.
Porque, en 2013, le dijeron los médicos que no llegaría a sus cumpleaños,
si no se operaba inmediata y radicalmente. Ella no aceptó.
Y celebramos ese año el que sería su último cumpleaños,
entre risas y lágrimas y cierta cuota de resignación.

Sin embargo, ella se negó a operación y a quimios,
y he aquí que pasó ese cumpleaños, y uno más,
y ahora estamos ad portas de uno más,
el tercer día de cumpleaños desde esa fatídica noticia,
desde ese agorero pronóstico.
Y es el tercero, por eso dice que no cumple 50,
sino TRES!

Y, salvo que una anunciada lluvia lo arruine,
lo celebraremos subiendo a la cumbre de un cerro,
viendo el paisaje desde la altura, y llenando nuestros pulmones de aire fresco y frío,
sintiéndonos -y ella más que ningún otro- más vivos que nunca.

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05 julio 2015

Belleza...

No tengo noticias agradables sobre las que escribir, de modo que, ¿por qué no poner algo agradable mejor?
 





Son imágenes que tomé en nuestra salida de hoy. Llevábamos tiempo quedándonos en casa, pero hoy "volvimos a las pistas", aunque mi Negrita ahora tiene que poner más de sí para poder ir. Lo bueno es que aún tiene ánimo y fuerza para hacerlo.  :)

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