30 noviembre 2017

Mi negrita...

Sobre la cama de mi negrita, 
siempre hubo varias muñecas. 
A ella nunca le gustaron, 
pero las quería, 
las conservaba y cuidaba, 
porque eran regalos de su madre. 

Hoy, además de ésas, 
hay sobre su cama otra muñeca. 
Una muñeca apenas animada, 
doliente, desmadejada, 
cubierta de cicatrices de innúmeras operaciones. 
Una muñeca diferente a las otras,
que no es de trapo, 
que no tiene grandes ojos 
ni sonrisa encantadora. 
Una muñeca que, 
cual marioneta lleva sus hilos, 
lleva salientes de su cuerpo,
varias mangueras plásticas.   

Hoy hay otra muñeca, 
sobre esa cama, 
una muñeca morena, 
de piel seca y ajada, 
que aunque casi tan inmóvil como las otras, 
a diferencia de ellas respira y vive, 
si vivir puede llamársele 
a vegetar sufriente
...

Esto es lo último que escribí sobre mi negrita,
ayer, mientras la miraba yacente
sobre lo que fue nuestra cama,
y entonces era sólo de ella.
Quedó inconcluso.
Ayer.

Hoy, al iniciar el día, 

he vuelto a ser propietario de esa cama,
el único propietario,
pues mi negrita ya no está.
.

17 junio 2017

Con uno mismo

Cuánto tiempo sin escribir en el blog.
Como se vea, es demasiado.
Y, sin embargo, ¿qué ha cambiado?

Las cosas siguen prácticamente igual, aunque peor.
Peor, claro, porque mi negrita está más enferma cada vez, con el cáncer avanzando inexorablemente, mientras se acumulan las hojas del calendario, esperando en esa espera interminable a que algún día, quizá si por el error o la omisión de alguien, la llamen para operarla.
Yo, que no tengo fe en nada, desde hace ya más tiempo del que recuerdo, llegué en algún momento a creer que todo se arreglaría, que sería operada y podría seguir conmigo mucho tiempo más.
Pero bien veo que hice mal en renegar de mi descreimiento, que hice mal en permitirme creer que esta vez algo sería distinto, que esta vez si sería operada "en serio", de buena manera, profesionalmente, por algún médico. Hice mal, porque el golpe duele más cuando tropiezas con los ojos vendados, y no tienes tiempo de prepararte, ni de hacer nada para que lastime menos.

Cada vez su salud es más mala -o menos buena-, cada vez sus dolores se multiplican y aumentan, tanto así como para obligarla a tomar medicinas, cosa que jamás hizo, porque presumía de soportarlo todo por sí misma. Cada vez se siente más la soledad, y el frío, en el interior de mi alma (si es que algo con ese nombre aún queda dentro de mí.


Ahora recuerdo el por qué no escribía en el blog, ahora recuerdo.
Y es que yo, que todo lo soporto y todo lo aguanto, mientras no salga de mí, mientras no lo hable ni lo comparta, no puedo soportarlo cuando hablo de ello, cuando lo cuento, cuando lo digo. O cuando lo escribo.
No hay peor compañía que la de uno mismo.