27 octubre 2014

Decía...




 
 
Era evangélica, decía,
como lo era su madre,
como lo era su abuela.
Y era por eso que usaba
su hermoso y negro cabello
tan largo como su falda.

La blusa, siempre bien abotonada
hasta la base misma de su cuello,
con el mismo celo que la falda,
de amplios pliegues y tela pesada
la suavidad y blancura de su piel
a los ojos de los profanos ocultaba.

Era evangélica, decía,
como lo era su madre,
como lo era su abuela.
Y por eso con ellas iba
cada sábado al Templo
y cada día de la semana.

Por la calle caminaba discreta
siempre con la vista baja,
que a ningún hombre miraba,
y aún si los veía agrupados,
ociosos, en la siguiente esquina,
cruzaba sin dudarlo, y los evitaba

Era evangélica, decía,
como lo era su madre,
como lo era su abuela.
mas, cuando ellas dormían
escapaba por la ventana
y a mis brazos se entregaba.

Nunca olvidé su dulce aroma
como no olvidé su pelo negro
tanto o más largo que su falda
como no olvidé la calidez de su boca
como no podría nunca olvidar
la suavidad y tibieza de su espalda.

Era evangélica, decía,
como lo era su madre,
como lo era su abuela.
mas cuando estaba conmigo
(¿seré condenado por ello?)
completamente lo olvidaba.

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