11 agosto 2010

Llovizna


Hoy, lloviznó en nuestra ciudad.
Gran cosa, dirá alguien.
Una llovizna no parece ser un gran tema, en realidad.

Salvo que se viva en esta ciudad.
Situada en la costa del desierto de Atacama,
el más seco de los desiertos del mundo.
Entonces, si se vive allí,
una llovizna simple y común, de 4 o 5 horas,
puede convertirse en el tema de conversación de todos en ella,
por mucho tiempo...

El agua corría por las calles,
anegando algunas,
penetrando en las casas,
destruyendo,
como cabe esperar en una ciudad que no sabe de aguas,
que no las espera,
que nunca, pese a los desastres que alguna vez ocurrieron,
nunca hace nada...

En una ciudad donde una de 20 familias tendrá algo similar a un paraguas,
y una de 200 tendrá un par de botas de agua,
una llovizna parece acabo de mundo,
y a las tres horas de caer agua,
no queda nadie que no empiece a pensar en el pasado,
que no recuerde lo ocurrido 20 años atrás,
la última vez que llovió,
realmente llovió en esta ciudad.
No queda nadie que no recuerde esa noche,
nefasta,
inolvidable,
en que la vida de algunos se acabó,
y la de todos los demás se hizo diferente,
de un modo un otro,
en mayor o menor medida,
cambió para siempre.

Hoy lloviznó por horas en nuestra ciudad,
el agua aún permanece en las calles,
 las nubes siguen ahí,
y nadie,
o muy pocos,
dormirán tranquilos esta noche...

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