La doctora que tenemos en el trabajo, en turno 7 x 7, en caso de...
Y en ese entonces, me preguntaba quién había sido el que eligió esa doctora, y con qué criterio...
Y ahora, entiendo quien la eligió, y porqué.
Tiene, repito, tiene que haber sido una mujer.
Y una mujer inteligente además.
Porque con esa doctora nadie se enfermaba.
Tenías que estar mal, sentirte realmente mal, para dejar tu trabajo, e ir a verla.
Una gripe, o un dolor de estómago, no eran méritos suficientes para llegar al policlínico.
Ahora (no sé cómo o cuando ocurrió) tenemos una doctora nueva.
Y resulta obvio que, a ésta, la seleccionó, entrevistó y contrató un hombre.
Un hombre, sin duda, y no muy despierto, además.
Porque ahora sí que se enferma la gente. Han aumentado las consultas, y las horas de trabajo perdidas.
Basta un pequeño resfrío, un leve dolor de cabeza, o de estómago, y ya:
que hay que ir al Poli...
Ahora me queda claro porqué teníamos la doctora que teníamos: porque aumentaba la productividad.

Porque la nueva tiene todo lo que no tenía la otra:
rubia natural,
pelo largo y sedoso,
un cuerpo con todo lo que tiene que tener,
sin faltas ni excesos,
siempre apropiadamente vestida
y con una sonrisa en el rostro a toda hora...
Eso sí, no sé de sus competencias profesionales, porque aunque no me lo crean, yo no me he enfermado ni una vez, desde que llegó.
Sólo la he visto algún día a la hora del almuerzo...
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